La Controversial Operación Muro en la Frontera del Riachuelo

La Controversial Operación Muro en la Frontera del Riachuelo

Hace un mes, el 9 de junio, se llevó a cabo en Buenos Aires un operativo conocido como la Operación Muro. Este plan masivo de seguridad, encabezado por la policía de la Ciudad de Buenos Aires, fue diseñado para blindar los accesos al área metropolitana desde la provincia de Buenos Aires. El operativo cubría 24 kilómetros a lo largo del límite territorial con la provincia, incluidas la frontera natural del Riachuelo y numerosos ingresos y puentes. Se desplegaron efectivos para prevenir que alguien intentara cruzar a nado el Riachuelo. En total, se cerraron 24 kilómetros, 27 pasos peatonales, 48 vehiculares y 16 puntos estratégicos.

El jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, justificó la Operación Muro y afirmó: ‘No vamos a pedir perdón por cuidar a los porteños’, resaltando una retórica de ley y orden en medio de la campaña política. Esta declaración provocó controversias debido a sus implicaciones respecto a la población del conurbano bonaerense, que fueron aludidos despectivamente como ‘bárbaros’.

Este tipo de discursos recuerda al uso histórico del término barbarie en la literatura argentina, especialmente en el contexto del libro de Sarmiento. La política del gobierno de la ciudad es vista como una restauración de esa ideología, que deshumaniza a los habitantes del conurbano bonaerense. Se destaca cómo esas comunidades contribuyen significativamente al funcionamiento diario de la ciudad, desde la recolección de residuos hasta una gran parte de la fuerza laboral que viaja diariamente a la capital.

El operativo se enmarca también en una lucha política entre el jefe de gobierno de la ciudad y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, utilizando la inseguridad como uno de los principales temas de discordia. Estas tensiones reflejan una política de confrontación en lugar de cooperación, afectando a los habitantes de ambas jurisdicciones.

El impacto de esta política basada en seguridad y control es amplio. La militarización y el uso de cámaras de seguridad, criticados por extrapolar a los habitantes del otro lado de la General Paz como ‘incultos’ o ‘no humanos’, se han percibido como parte de una táctica política para apuntalar las cifras de criminalidad.

Además, la operación Muro no es el único foco de crítica hacia el gobierno. El jefe de gobierno de la ciudad ha hecho declaraciones terriblemente simplificadas sobre las personas en situación de calle y la pobreza, sugiriendo que ‘mientras las iglesias les den de comer, siempre habrá pobres’. Esta falta de empatía y la reducción simplificada de realidades complejas resuena con ciertas tácticas políticas que buscan capitalizar el descontento y el odio acumulado por décadas.

El ambiente en Buenos Aires se ha visto exacerbado por eventos recientes como la represión de un evento de festejo popular en el obelisco, en el cual la policía actuó de manera desproporcionada contra ciudadanos que simplemente buscaban un motivo para celebrar en medio de crecientes dificultades económicas, como el alza de precios y el estancamiento de salarios. Esto ha generado indignación y una crítica directa a la administración local: ‘Vergüenza debería darle, pero no, no le da ni le va a dar’.

En medio de estas tensiones, existe un llamado a que los ciudadanos no permitan que estas medidas sigan pasando sin oposición. Se critica enérgicamente la represión y criminalización de las expresiones populares, instando a que se debe poner un alto a estas políticas que, según sus críticos, priorizan la represión mientras ignoran las necesidades reales y las complejidades de los problemas sociales en la región.